Cuando has compartido tanto con alguien solo te quedan ganas de seguir compartiendo.

Hemos compartido cascos para escuchar música, páginas de un diario, nervios detrás de un escenario, terracota y pintalabios, apuntes, noches de estudio y matrículas de honor, almohada y mosquitera, cachos de la mejor pizza del mundo y hasta suero.

He saltado de un quad en marcha porque era la única manera de conseguir subir las dos la cuesta, te he sacado del mar después de que un erizo se cruzara en tu camino, he visto como te pinchaban la vacuna del tétanos y tiraban la aguja en una botella de Coca-cola, he sido tu apoyo para caminar después de que te rompieras una uña con un coral y tú has cargado con mi mochila para que yo pudiera cruzar medio mundo con un collarín.

Peleado juntas por no quedarnos dormidas viendo luciérnagas en un río, contado estrellas fugaces decidiendo parar solo cuando estábamos a empate, bañado con ardora, tiburones y tortugas, hemos visto desde una hamaca todas y cada una de las estrellas que existen en un desierto en la India, se nos ha cruzado un camión en sentido contrario en la autopista, bailado sevillanas en universidades, pasillos y autobuses, te he visto ganar el mejor reto de baile de la historia.

No sé si nos queda algún medio de transporte por compartir, desde luego no he cogido con nadie tantos trenes como contigo.

Quizás por eso siempre supimos que hay trenes que solo pasan una vez, y, aunque disfrutemos yendo al límite, nunca los perdemos.

Nuestra vida juntas da para muchos cuentos.

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